Llueve con ganas
tamborilea en el paraguas,
gotean las hojas.
RMA
Sentía que debía reconciliarse
con su universo,
tumbarse en el suelo
y sentir el frío de la tierra
llamando a sus huesos,
cómo su pelo se hunde en el barro
simulando echar raíces,
esperar que pase el ocaso
y empiecen a brotar las estrellas
en el lienzo azabache,
con ansiedad infantil buscar la suya,
por ningún rincón aparece.
Siente un gélido puñal en el pecho
un desprendimiento de luna
con muy mala suerte.
Está claro, ha de hacer las paces
con su universo.
RMA
Cada uno busca su luz, sino que se lo digan a la legión de insectos que huyendo de la fría oscuridad de la noche, al ver una hoguera se arremolinan en torno a ella, buscan el calor de su luz, un punto que les sirva de referencia, un sueño que creen va a ser mejor que su insulsa existencia, por el simple hecho de estar mejor iluminado y creer que así van a poder ver más, aunque al final terminen cegados por tanta luz y achicharradas sus alas, que se lo pregunten a Ícaro.
¿Nos hace egoístas la edad?
No será que aupados
al montículo
que forman los años,
cual monte “Testaccio”,
aunque difuso aún
se adivina ya, donde
termina el ocaso.
Será que el miedo
y la impotencia nos incitan
a aprehender con exigencia
cada gota de cariño
cual vampiro sediento
al clarear el alba.
RMA