Si el día llega
en que Noia me abandone,
Si el día llega
en que Noia me abandone,
Los que vamos teniendo una edad, oímos algarrobo y nos acordamos del compañero de Curro Jiménez, bruto, fuerte y noble, fiel compañero.
Los más mayores aún, piensan en la posguerra, en la harina de sus vainas y lo útiles que eran para matar el hambre, en unos años en la que esta campaba a sus anchas por muchos hogares.
Ahora, si tienes suerte de encontrar a alguien que sepa como son, quizás te diga que se usan para alimento de bestias y poco más.
Luego están los balaperdías, que en un paseo con su viejo gruñón por la vía verde del pueblo, se topa con un algarrobo, se entretiene en coger una vaina y le da por sembrar los granos en vasitos de yogur, et voilá, aparece una pequeña plantación de algarrobos.
Díscola neurona, espero que se le ocurra algo de aquí a poco, para ver qué se hace con ellos.
Siempre sorprende,
entreteje la vida
hilos impensables.
RMA
En un rincón de este planeta, existe un pequeño paraíso, regado por las aguas que recogen unas sierras calizas, que absorben con avidez las lluvias para luego mansamente hacerlas manar en innumerables y borboteantes veneros, los cuales a través de cañadas corren formando arroyos y estos uniéndose en un río.
La sabía gente del lugar, llenó está fértil tierra de canales y acequias y a su vez en partiores y almorrones, que más que cicatrices a flor de tierra son venas y arterias que llevan el preciado líquido hasta las mismas raíces que alimentan ese vergel.
En cada porción de paraíso, lo normal del populacho era no dormir a cielo raso, así que se construían, lo que venía a ser una vivienda, con gruesas paredes de argamasa y piedra (todavía no existía la termoarcilla) y techumbre de vigas de madera, cañizo y yeso para cerrar el techo y así poder poner sobre él las tejas que mantendrían el hogar seco, hogar de gente humilde y trabajadora.
En la puerta, un llanete con su emparrado y su arriate y un poyo donde sentarse a tomar el fresco, poder sacar unas sillas, una mesa donde retomar fuerzas tras una dura jornada.
Gente, que desde que calzaban las sandalias de los romanos o los turbantes arabes dieron fama y renombre a una tierra rica y fértil que brillaba y brilla por sus apetitosos frutos.
El sol se oculta
tras la higuera y el nogal,
vuelan murciélagos.
RMA