Hay robustos arboles, que de plantones, por avatares del bosque, bien porque hay animales que hieren su corteza, o las tempestades y el viento desgajan sus ramas y en otras ocasiones es la manipuladora mano del hombre la que hace de las suyas.
Con el transcurrir del tiempo, mal que bien, van cicatrizando y ese árbol aprende a cargar con ellas, a vivir con esas cicatrices, que en muchas ocasiones afectan a su crecimiento y a la rectitud de su tronco, tambien los hay, que con el tiempo y por cualquiera de esas heridas, entra agua y poco a poco esta va pudriendo su interior, dejándolo hueco y sin vida, aunque su apariencia sea fuerte y robusta.
Hay cosas que cree se pueden llegar a superar y que sin embargo, van corroyendo el interior y terminan por hacer que se llegue al colapso.
Plateadas hojas,
tamborileo de pájaros
en la alameda.
RMA
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