Algunos dicen
que cuando es dicha
la palabra muere.

Yo digo, en cambio,
que justo ese día
empieza a vivir.

Emily Dickinson.

Parafraseando a la Sra. Dickinson me gustaría que estos ripios que ahora comienzan a volar por sí mismos no mueran en el olvido, sino que sean capaces de anidar en el corazón de alguien que les de calor y cobijo.

martes, 14 de julio de 2026

Rincón

  


En un rincón de este planeta, existe un pequeño paraíso, regado por las aguas que recogen unas sierras calizas, que absorben con avidez las lluvias para luego mansamente hacerlas manar en innumerables y borboteantes veneros, los cuales a través de cañadas corren formando arroyos y estos uniéndose en un río.

La sabía gente del lugar, llenó está fértil tierra de canales y acequias y a su vez en partiores y almorrones, que más que cicatrices a flor de tierra son venas y arterias que llevan el preciado líquido hasta las mismas raíces que alimentan ese vergel.

En cada porción de paraíso, lo normal del populacho era no dormir a cielo raso, así que se construían, lo que venía a ser una vivienda, con gruesas paredes de argamasa y piedra (todavía no existía la termoarcilla) y techumbre de vigas de madera, cañizo y yeso para cerrar el techo y así poder poner sobre él las tejas que mantendrían el hogar seco, hogar de gente humilde y trabajadora.

En la puerta, un llanete con su emparrado y su arriate y un poyo donde sentarse a tomar el fresco, poder sacar unas sillas, una mesa donde retomar fuerzas tras una dura jornada.

Gente, que desde que calzaban las sandalias de los romanos o los turbantes arabes dieron fama y renombre a una tierra rica y fértil que brillaba y brilla por sus apetitosos frutos.


El sol se oculta 

tras la higuera y el nogal,

vuelan murciélagos.

RMA



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