Con pies de barro
avanza el caminante,
hombros cargados.
RMA
Es los posos de la memoria
donde se asienta nuestra niñez
en los que las miradas
eran siempre dulces,
las risas siempre alegres
y el cielo siempre azul.
Así fue creciendo nuestra estatura
y al ganar en perspectiva
descubrías otras miradas,
otras risas que no eran
siempre alegres ni sinceras,
que había veces
que la gente lloraba
sin que tú llegases
a comprender el motivo
incluso sin llegar a sentir
lo que llamamos dolor,
que el azul no siempre
se ve azul celeste
y que había sonrisas
que no terminaban
de llegar a los ojos.
Ahora, ya menguando la estatura,
continúas ganando perspectiva
pero esa es otra
más de mirar adentro
más que el mirar insolente,
desde arriba siempre,
que te dan los pocos años.
RMA
Ojalá algún día se topase
con esa sombra que vaga
arrastrando sus cadenas
y que lleva escrito su nombre
en cada eslabón.
Para pedirle cuentas
de porqué se perdió aquel alba
o aquel guiño de esa estrella
no tan lejana.
Entre tanta infinidad
todo cuanto deseaba
es que alguien le dedicara,
al menos, qué menos,
una dulce mirada.
Porque aquel gracias,
ese por favor
o beso que nadie dio
se convirtió en eslabón
para arrastrar de por vida,
o porque no fue capaz
de parar un segundo y escuchar
a aquel que tan sólo
lo que pretendía era atesorar
un instante de vida compartida.
Ojalá algún día se topase
con esa sombra que vaga
y poder recriminarle
porqué no le avisó antes.
RMA
Domestica la garlopa
el cadáver del ciprés,
en manos expertas
y en compañía de limas,
de escofinas, punzones
y afiladas cuchillas
lograrán sacar a la luz
el tesoro que con avaricia
guardaba en su interior.