Cada uno, como el culo, tiene uno, sino que se lo pregunten a las religiones, sectas y demás visionarios, amén de que luego cada uno pueda creer en su pequeña variante, nubecitas de blanco algodón, con señores barbudos y música gregoriana de fondo, donde sentirte en la gloria, nunca mejor dicho.
Otros, cambian los señores barbudos por damas de grandes y luminosos ojos.
También los hay que creen en la reencarnación, para estos no hay paraíso, tan solo la mierda de volver una y otra vez a este asco de vida.
Luego están los incrédulos, esos que no creen en nada, no siguen religión o creencias alguna, para esos no hay paraíso que valga, estos personajillos juegan con la ventaja de que si para ellos no hay cielo, tampoco existe el infierno.
Habrá quien prometa o espere aquello que albergue y desee desde lo más profundo de su ser, cogiendo lo que más le interese de cada una de las versiones existentes, estos van a la carta.
Por fin, los que tan solo quieren no sentir, ni bueno ni malo, ni el frío de las nubes ni los sofocos del averno, no sentir, nada, tan solo ser pasto de gusanos o si es por la vía rápida, pasto del fuego, no del infierno, sino de cualquier crematorio, cenizas al fin y al cabo, en ambos casos terminar confundido con el terruño, abono de amapolas y jaramagos.
Lo que vendría a ser paz, repito, no sentir
Jaramagos
humilde es su belleza,
y una amapola.
RMA
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